miércoles, 22 de febrero de 2017

La Plaza de Filistopia

Cerca de las doce (12) del medio día, en la Plaza de Filistopia ocurrió un evento inesperado por todos los que estaban allí. Recuerdo que fui con mi Madre Ulicia a visitar éste lugar turístico que hacían unos cinco (5) años no visitaba. Hoy me encuentro de turista visitando nuevamente el poblado de Uncresia y decidí pasar a ver la Plaza de Filistopia para tomar un buen café del bueno, ese que es tostado en leña de campo con fragancias de verano empalmesido en sol de estrellas humeantes de sabor.

Estoy sentado en el famoso banquito rosa que tiene vista exclusiva al Monte Fraternidad el cual queda justo detrás de la famosa plaza. Un vendedor de palomitas de maíz se me acercó y me preguntó.

__ ¿Quiere comprar palomitas de maíz?

Le contesté.

__ No gracias, es que me estoy tomando un café, tal vez más tarde le compro. La plaza la remodelaron mucho, pues a cambiado mucho desde la última vez que vine. Le dije al vendedor.

El vendedor de palomitas de maíz decía a los que pasaban por allí.

__ Palomitas de maíz, vendo, vendo, a dos (2) por el precio de una.

El vendedor se sentó al lado donde había otro banquito de la plaza. Esperando que los que turistas que pasarán le comprarán.

Uno de los guardias de seguridad de la Plaza se acercó al vendedor y le dijo.

__ Oiga caballero, usted sabe que aquí no puede venir a vender. Está prohibido que nuestros turistas sean molestados.

El vendedor le contestó.

__ Es que no tengo a donde vender pues en todo el poblado donde único vienen turistas es aquí, y usted sabe que tengo una familia que mantener. Mi hija está muy enferma y no tengo ni para comprarle sus medicamentos. Pero está bien, sé que debe cuidar su trabajo y son sus instrucciones me iré.

El vendedor se levantó del banquito y se fue con su cabeza baja, como de frustración por no poder tener oportunidad para progresar. Mientras se retiraba cabizbajo, el oficial de seguridad se me acercó y me dijo.

__ Ese señor es un buen hombre, pero tengo instrucciones de no permitir a ningún vendedor en esta zona. Usted podría ayudarlo sin que se entere de que yo le dije, pues temo perder mi empleo.

Inmediatamente lo seguí hasta la acera del otro lado de la calle y le pregunté.

__ ¿Cómo puedo ayudarlo?

__ Cómpreme unas palomitas de maíz, para poder llevar a mi casa el sustento de mi familia.

__ Deme no una, sino todas las que le quedan. Le dije muy entusiasmado.

El vendedor me entregó las palomitas de maíz y se retiró muy contento.

Cuando regresé a la plaza compartí con todos los que estaban en la plaza las palomitas de maíz que le compré al vendedor. En eso el guardia de seguridad se me acercó y muy emocionado me dijo.

__ Pero, le compró todo. ¿Por qué?

__ Porque la luz de la vida siempre debe de brillar y si se opaca tenemos la responsabilidad de ponerla a brillar nuevamente. Yo viene aquí hacen unos cinco (5) años y recuerdo como hoy, el gran evento que aquí ocurrió.

__ Si, ¿Que pasó aquí? pues soy un nuevo oficial de seguridad en esta plaza.

__ Recuerdo que llegué a esta plaza, el lugar estaba lleno de turistas. Mientras disfrutábamos de la visita al lugar de pronto llegó un vendedor de palomitas de maíz diciendo. " vendo palomitas de maíz, vendo palomitas de maíz, compren, compren".

El guardia de seguridad de la plaza lo abordó y le dijo que no estaba permitido vender nada a los turistas y que se fuera a otro lugar. El vendedor le dijo que necesitaba comprar unos medicamentos para su hija que adolecía de mucho dolor en su casa y que si vendía algo tendría para comprar algunos medicamentos para poder aliviar el fuerte dolor de su hija enferma. Una de las señoras que estaba al lado del vendedor me contó que antes del gran acontecimiento el vendedor estaba muy nervioso y comentaba.

__" mi hija, mi hija, ¿quién me puede ayudar?"

Yo nunca olvidaré cuando de pronto el guardia se calló en el piso como muerto. Todos los que estábamos visitando la plaza quedamos espantados del susto. Inmediatamente que el guardia calló en el piso, un fuerte viento comenzó a soplar, y soplar tanto que tuvimos que refugiarnos en una estructura al lado de la plaza.

Aún el guardia estaba en el piso cuando una ambulancia llegó rápidamente al lugar, lo pusieron en una camilla y lo montaron dentro de la ambulancia. Uno de los paramédicos preguntó.

__ "¿Al guíen conoce al guardia?, pues no nos podemos ir hasta que un familiar se haga responsable y lo acompañe para que firme los papeles del seguro o asuma la deuda del servicio"

Aquel hombre vendedor le dijo a los paramédicos.

__ "Ese hombre es mi familiar, yo lo acompaño y me hago responsable".

Luego me enteré por el periódico de la ciudad que el guardia al llegar al hospital murió y según relató la periodista en el diario, el guardia murió diciendo.

__ "Salven a su hija que es demasiado joven para morir"

El diario relataba que uno de los médicos del hospital quedó tan conmovido por aquella expresión, que le impulsó a preguntar al vendedor que lo acompañó en la ambulancia hasta el hospital, que a quien se refería el guardia.

Según el relato del diario, aquel médico dio órdenes de inmediato que buscarán a la joven a su casa, que él se haría cargo de cualquier gasto de la joven. Finalmente, el vendedor padre de la joven indicó al conductor de la ambulancia, el cómo llegar a la casa. Trajeron la joven al hospital y está estaba ya muy débil pues tenía una hemorragia interna por el fuerte dolor. El médico estuvo tres días corrido atendiendo la joven hasta que esta se estabilizó. La reportera también llegó a entrevistar al heroico doctor y le preguntó que cual fue la razón de su iniciativa.

Según el diario este le narró a la periodista, el que sintió en las palabras de aquel guardia que falleció, una responsabilidad más allá que el dinero y los protocolos burocráticos que nos imponen en la vida. De no haber actuado de inmediato de seguro la joven hubiese muerto, pues estaba en su casa y su padre no tenía dinero suficiente para que le dieran un digno cuidado médico.

El nuevo guardia quedó impresionado con lo que le conté que me dijo.

__ He quedado perplejo del asombro, pues a pesar de que llevo poco tiempo aquí trabajando, nadie me había contado la historia de lo que aquí hacen varios años ocurrió.

Mirando al cielo le dije.
__Tiene suerte de estar vivo, porque se rumora que en este lugar todavía sopla el viento fuerte en ocasiones y los turistas que vienen aquí piensan que cuando el viento sopla, sus males de salud quedan curados, siempre y cuando su corazón esté presto a servir con esmero y disposición para ayudar al más necesitado.

cc